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¿Qué es el Socialismo?

1.      Desde la época de los llamados socialistas utópicos (Saint-Simon, Carlos Fourier y Robert Owen), el socialismo se concibió como una sociedad sin clases, o sea, sin explotación. Eso significa que en una sociedad socialista no podría haber personas dueñas de medios de producción y que empleen trabajo asalariado que le genere ganancias en sus empresas. Si eso existe, entonces hay explotación (excedente del que se apropian los dueños de los medios de producción) y, por lo tanto, hay clases.
2.      En el capitalismo el excedente lo genera el proletariado y lo capta la burguesía en su condición de dueña de los medios de producción, del dinero y de las mercancías, o sea, del capital. El proletariado trabaja una parte de su tiempo para si mismo, la parte que le corresponde a su salario, y trabaja sin remuneración otra parte del tiempo durante la cual crea el excedente para la burguesía. He ahí la explotación. Sustituir el capitalismo por el socialismo implicaría suprimir la explotación y las clases. Si no fuera así, si la explotación persistiera en el socialismo ¿para qué luchar por él?
 
3.      En el año 1917, Vladímir Lenin, uno de los principales teóricos y revolucionarios marxistas, escribió un libro titulado “El Estado y la Revolución” donde afirmó esto: “La diferencia científica entre el socialismo y el comunismo es clara. A lo que se acostumbra a denominar socialismo, Marx lo llamaba la `primera` fase o la fase inferior de la sociedad comunista. En tanto que los medios de producción se convierten en propiedad común, puede emplearse la palabra `comunismo`, siempre y cuando que no se pierda de vista que éste no es el comunismo completo”. En 1919 Lenin escribió un artículo titulado “La economía y la política en la época de la dictadura del proletariado”, donde dijo lo siguiente: “Socialismo significa la abolición de las clases” (…) “El socialismo es la supresión de las clases”. Solo cuando eso ocurra habrá socialismo, no importa el siglo en que ocurra.
 
4.      Se puede estar en desacuerdo con Lenin, por supuesto, pero es indudable que él expresó una concepción clásica que incluso mucha gente autoproclamada leninista no toma en cuenta al momento de hablar del socialismo. Si nos apegamos a la breve definición de Lenin, es obvio que el socialismo no ha existido, pues las clases no se han suprimido en ninguna parte, ni siquiera en los países de Europa donde se estatizó toda la propiedad, pues en esos países una parte de la burocracia (no importa si se le llama casta) se apropió de un monto considerable del excedente y restableció el capitalismo utilizando sus propias fortunas y dándole entrada al capital extranjero. Y es que para suprimir las clases hay que crear condiciones de desarrollo material y espiritual tan elevadas que hagan superflua toda propensión a la acumulación de bienes a costa del trabajo ajeno. El socialismo requiere superar la escasez de bienes y servicios esenciales, mucha educación, elevados niveles de salud, protección de la naturaleza, equidad de género y un fuerte control social de los procesos productivos, algo que no existió en las experiencias de transición en Europa, que pese a todos sus logros no crearon el socialismo en el sentido en que los utópico, Marx, Lenin y otros revolucionarios y revolucionarias lo entendían, como transformación de los medios de producción en propiedad común y abolición de las clases.
 
5.      Si el socialismo supone la supresión de las clases, tal sociedad tiene que ser necesariamente mundial, debe crearse liquidando el capitalismo a escala planetaria, pues la burguesía de los países más industrializados extrae plusvalía (excedente o masa de ganancia) de países que transitan hacia el socialismo. Lo hace a través del intercambio desigual, de los préstamos y de la inversión extranjera directa. Por eso, el mismo Lenin dijo esto cuando estaba al frente del Estado revolucionario: “La victoria final del socialismo en un solo país es, por supuesto, imposible”. Y agregó: “No hemos acabado de construir siquiera los cimientos de la economía socialista y las potencias hostiles del capitalismo moribundo todavía son capaces de privarnos de ellos. Debemos apreciar esto claramente y admitirlo con franqueza; no hay nada más peligroso que las ilusiones. Y no hay nada absolutamente terrible en admitir esta amarga verdad; siempre hemos defendido y reiteramos la verdad elemental del marxismo: que para la victoria del socialismo son necesarias las fuerzas conjuntas de los trabajadores de varios países desarrollados. (“Éxitos y dificultades del poder soviético”).
 
6.      Hasta Stalin compartía en sus inicios la tesis de que el socialismo no podía limitarse a los marcos nacionales. En su libro “Lenin y el Leninismo” dijo que “para derrocar a la burguesía, los esfuerzos de un solo país bastan. Pero para la victoria definitiva del socialismo, para la organización de la producción socialista, los esfuerzos de un solo país, y especialmente de un país agrícola, como lo es Rusia, no son suficientes. Para eso son necesarios los esfuerzos de los obreros de un cierto número de países muy desarrollados”. Como se sabe, Stalin luego cambió esa concepción por la del socialismo en un solo país, pero todavía no se verifica la instalación del socialismo en ningún país. Con mucha modestia Fidel Castro aseguró que uno de los errores de la dirección revolucionaria cubana fue creer que sabía cómo se hacía el socialismo. Al decir eso, el gran revolucionario cubano aceptó que su país no era aún socialista, pese a la liquidación del poder burgués y a los profundos avances obtenidos en las principales esferas de la vida social.
 
7.      En el cierre del Foro Social Mundial, realizado en enero de 2006, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aseguró lo siguiente: “Es absolutamente imposible la revolución en un solo país. Estamos debilitando las columnas del sistema capitalista, pero, o cae en todo el mundo o no cae en ninguna parte”.
 
8.      El socialismo debe ser una sociedad sustentada en la propiedad colectiva o individual (pero sin explotar a nadie) de los medios de producción, en cooperación y la paz. Debe ser una sociedad del trabajo y la solidaridad, no de la ganancia y la injusticia. Y debe sustentarse en fuerzas productivas superiores a las capitalistas, en un mayor desarrollo de la ciencia y del conocimiento en general. El socialismo no se puede crear con escasez de los bienes y servicios básicos, pues en una sociedad donde la mayoría de la población no tiene aseguradas sus necesidades fundamentales, se da una lucha permanente por acaparar y controlar productos. Mucha gente trafica con bienes, engaña al Estado y trata de hacer cualquier cosa para proveerse lo que necesita. Esa sociedad no estaría asentada en la cooperación y la igualdad. Las necesidades no satisfechas chocarían siempre con el esfuerzo por crear una sociedad con medios de producción colectivos.
 
9.      El socialismo tiene que ser una sociedad con más riqueza material y espiritual que el capitalismo, no una sociedad con pobreza. La palabra riqueza no hay que entenderla en el sentido de lujo, sino de bienes y servicios creados por el trabajo humano. La producción en el socialismo tiene que ser muy grande, para suprimir los conflictos y abolir las clases, es decir, para eliminar todo estímulo al acaparamiento de bienes. Sobre esto, Carlos Marx dijo lo siguiente: “cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!”. (“Crítica al Programa de Gotha”.
 
10.  Finalmente, la sociedad socialista debe ser muy democrática, no solo por su fundamento económico (propiedad colectiva), sino por el elevado de nivel de participación del pueblo en la toma de decisiones. La democracia representativa capitalista permite que los pueblos voten en las elecciones, pero no permite que dirijan los destinos de la nación. Donde hay clases eso no es posible, porque quien domina no cede su poder. Si la democracia es el gobierno del pueblo, nada más democrático que el socialismo.
 
11.  La doctrina socialdemócrata acuña el concepto socialismo democrático, en un doble sentido: que el Estado tenga poder económico y regule los mercados (doctrina de Keynes) y que el sistema político no le cierre los espacios a la oposición, como sucedió en la experiencia de Europa del Este y en otras. La propiedad estatal es un avance con respecto al capitalismo, pero no implica en si mismo socialismo, como la experiencia europea lo demostró. Y el parlamentarismo, la libertad de partidos, de prensa, de organización, etc., si bien es positiva, no implica llegar al socialismo, pues todo eso puede existir incluso en los países imperialistas. Es indudable que el llamado socialismo democrático, que debería ser opuesto al neoliberalismo, facilitaría la transición al verdadero socialismo. De hecho varias experiencias de América Latina, sobre todo de Suramérica, responden a la doctrina socialdemócrata y son positivas. Pero el socialismo en el sentido de sociedad sin explotación, no existe aún. Y debe ser, por definición, democrático.
 
 
Revolución y transición al socialismo
1.      Hacer una revolución no es lo mismo que hacer el socialismo. La revolución es quitarle el poder político a la clase dominante y pasarlo a manos de las clases explotadas y aplicar un programa de transformaciones políticas, económicas y sociales. Eso hecho es necesario para avanzar hacia el socialismo, pero no es suficiente. Para llegar a una suciedad superior al capitalismo hay que transitar un período largo de transformaciones y tienen que darse revoluciones en más países, sobre todo en los más industrializados. Lenin explicó esto de la siguiente manera: “La clase de los explotadores, los terratenientes y capitalistas, no ha desaparecido ni puede desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores han sido derrotados, pero no aniquilados. Aún tienen una base internacional, el capital internacional, del cual son una sucursal”. (“La economía y la política de la dictadura del proletariado”. Año 1919.).
 
2.      Las revoluciones anticapitalistas del siglo XX se caracterizaron por tener un sistema político de partido único y una economía bajo control estatal. Nicaragua fue la excepción con su esquema de economía mixta y pluralismo político, pero la transición en ese país fue obstruida por la agresión política y militar del Gobierno de Estados Unidos, que golpeó la economía y debilitó el proceso revolucionario de los años ochenta. La transición al socialismo en Europa (antigua URSS y otras naciones del Este) fracasó. China mantiene su sistema político pero modificó su sistema económico, sobre todo con la apertura al capital extranjero. Y Cuba optó por descongestionar el Estado e incentivar la pequeña propiedad, en el marco de un sistema político basado en el partido único.
 
3.      La economía estatizada es un avance frente a la propiedad capitalista pero no garantiza el fin definitivo de ésta, pues siempre hay un riesgo de que la burocracia del Estado acumule riquezas y al cabo de un tiempo restablezca el capitalismo. Eso pasó en la URSS y en Europa del Este, pero no pasó en Cuba, que ahora disminuye el peso del Estado en la economía para desarrollar la pequeña propiedad y las fuerzas productivas.
 
4.      Para avanzar hacia el socialismo, cada país tendrá que seguir caminos diferentes, de acuerdo a sus necesidades y posibilidades. No hay una vía única para todos los países del mundo, pues cada uno es diferente en su economía, sus estructuras sociales, sus sistemas políticos y sus manifestaciones culturales.
 
5.      Hay aspectos donde debe haber coincidencias, como la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas, elevar el nivel de vida de la población, entre otros. Pero en muchos aspectos las medidas a tomar serán diferentes.
 
 
El caso de Venezuela
1.      En Venezuela la transición difiere de las otras experiencias y se sustenta en el desarrollo económico y político de las comunidades, las cuales se agruparían en comunas y en ciudades comunales (varias comunas) para conformar el Estado Comunal.
 
2.      Las comunas son entidades locales socialistas, creadas por iniciativa de la población e integradas por comunidades vecinas con rasgos históricos y culturales parecidos. En ellas se conforma un régimen de propiedad social y un modelo de desarrollo endógeno acorde a lo establecido en el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social. Las comunas crean un autogobierno para promover el ejercicio directo del poder por parte de sus habitantes.
 
3.      Las comunas se crean por iniciativa de las personas que habitan en las comunidades, las cuales eligen una Comisión Promotora que se encarga de coordinar con los consejos comunales la convocatoria para elegir los voceros y las voceras de la Asamblea Constitutiva, que es la instancia encargada de redactar la Carta Fundacional de la Comuna. Dicha Carta, que sería aprobada en Referendo, establece el nombre de la comuna, su ámbito geográfico, su población, principios, diagnóstico de problemas y necesidades, inventario de potencialidades y Plan Político Estratégico Comunal.
 
4.      Las comunas también eligen sus Parlamentos Comunales, que en el ejercicio del autogobierno aprueban el plan de desarrollo, los proyectos de solicitudes al poder público para la transferencia de competencias y servicios a las comunas, los informes de la gestión de los Consejos de Cumplimientos (los que ejecutan las decisiones del Parlamento) y los informes de los bancos de las comunas.
 
5.      Otro instrumento de autogobierno es la Carta Comunal, donde se establecen las normas y acuerdos aprobados por la población a través del Parlamento Comunal y donde se regulan la vida social, el orden público y la convivencia comunitaria. También está la Justicia Comunal, que promueve el arbitraje, la conciliación y la mediación para solucionar conflictos sin contravenir las competencias del sistema de justicia ordinario.
 
6.      En definitiva, las comunas, tal como están diseñadas en la ley, son espacios comunitarios con sus propios autogobiernos y sus empresas productivas y de servicios. El desarrollo de las comunas y de las ciudades comunales ampliaría el poder político del pueblo y fortalecería la economía venezolana, bajo un esquema de propiedad social, no capitalista.
 
7.      Para el despegue o la expansión de las comunas, el Estado Nacional les otorgaría recursos y les apoyaría para que desarrollen sus capacidades de gestión y administración. Eso se viene haciendo desde hace algunos años en muchas comunidades, con resultados diversos.
 
8.      Actualmente la propiedad social solo genera el 4% del PIB nacional. El resto se crea en las empresas capitalistas y del Estado. En la medida en que las comunas desarrollen sus actividades productivas y de servicios, crecerá el aporte de la propiedad social al PIB. Para ello las comunas cuentan con sus propios recursos, con el apoyo financiero de los bancos comunales y con el apoyo del Estado Nacional, que posee grandes recursos y capta un porcentaje importante del PIB nacional, el cual, aunque se genera en un 70% en las empresas capitalistas, fluye en buena medida hacia el Estado por la vía impositiva. Si las comunas llegan a generar el 30% o 35% del PIB y si el Estado Nacional mantiene un aporte de alrededor del 30%, la propiedad capitalista no podría sostenerse por muchos años más. El avance de las comunas y del Estado sería irreversible.
 
9.      Como las comunas se desarrollarían con recursos propios y del Estado (que los canalizaría directamente) y como manejarían servicios públicos, la existencia de las alcaldías y las gobernaciones no se justificaría en el largo plazo. Una nueva reforma constitucional podría suprimirlas e integrar a la nación en un Estado Comunal.
 
10.  Esa vía de tránsito al socialismo evitaría que la burocracia del Estado acumulara riquezas y creara empresas capitalistas. En la propiedad social es muy difícil (no imposible) que se generen riquezas individuales, al margen del colectivo, y que surjan nuevos núcleos burgueses. Para evitar que eso ocurra es decisivo el desarrollo cultural y político de las comunidades.
 
11.  Si el proceso de tránsito al socialismo en Venezuela es correcto o no, si será exitoso o no, podría ser materia de discusión. Hay quienes no lo ven factible, pero ese es el proceso escogido. Y es inteligente y novedoso. Naturalmente, Venezuela no llegará sola al socialismo, pues como el socialismo sería una sociedad sin explotación, es decir, sin clases, solo podría construirse a escala planetaria. El Presidente Hugo Chávez es conciente de ello. Por eso, en el cierre del Foro Social Mundial realizado en Venezuela en enero de 2006, dijo lo siguiente: “Es absolutamente imposible la revolución en un solo país. Estamos debilitando las columnas del sistema capitalista, pero, o cae en todo el mundo o no cae en ninguna parte”.
 
 
Socialismo y política
1.      Los pueblos no suelen movilizarse a favor del socialismo sin antes tener una conciencia de lo que el socialismo significa, conciencia que únicamente se logra con la experiencia, no con las doctrinas. La idea del socialismo suele estar en las mentes de un grupo dirigente, no de la mayoría, que no lucha por un esquema preconcebido de nueva sociedad, sino para mejorar constantemente sus condiciones de vida y, cuando el sistema político se va mellando, lucha para derrocar dicho poder y establecer otro que saque la sociedad de la crisis en que está sumida.
 
2.      Ninguna revolución se ha hecho con la bandera del socialismo; ni la rusa, ni la china, ni la vietnamita, ni la cubana, ni la nicaragüense, ni la venezolana, ni las demás. En Venezuela, Chávez comenzó a hablar del socialismo en el 2005, cuando tenía 6 años gobernando. Y todavía ese concepto es confuso para una amplia franja de la población.
 
3.      Lo importante para una organización revolucionaria no es andar con la consigna socialista en su propaganda diaria (sin que ello sea negativo), sino vincularse al pueblo a partir de sus necesidades y anhelos, educarlo, organizarlo, elevar su conciencia política y llevarlo al poder. Sin tomar el poder no se puede construir el socialismo. Desde abajo se puede resistir en comunidades más o menos aisladas, pero no crear una sociedad que suprima la explotación, que liquide el capital. Y para llegar al poder la consigna socialista no es suficiente, ni fundamental. Lo importante es que el pueblo identifique a sus enemigos de clase y luche contra ellos, con los medios y por la vía que la realidad nacional y mundial permitan.
 
4.      El programa de transformación social no tiene que ser socialista para que el pueblo lo apoye. Puede centrarse en algunos puntos fundamentales del sistema político y de la estructura económica y social. Un programa de cambios en puntos sensibles que cuente con el apoyo popular, aunque aparente ser reformista, sería rechazado por la oligarquía. El caso de Bolivia es muy aleccionador al respecto. Evo Morales y el MAS hicieron seis promesas: mantener el cultivo de coca, reforma agraria, nacionalización del gas, no privatización del agua y otros servicios que la oligarquía quería privatizar, Asamblea Constituyente que elabore una nueva Constitución y extradición del ex presidente Sánchez de Lozada, prófugo de la justicia y radicado en Estados Unidos. Con ese programa, Evo y el MAS lograron un fuerte respaldo social.
 
5.      En otras palabras, al socialismo no se llega hablando de él, sino haciendo política con el pueblo y contra la oligarquía, sus partidos y demás instrumentos de lucha, y contra el imperialismo, que sostiene a la oligarquía. Lo importante es que el pueblo se identifique con algunas ideas transformadoras (en Bolivia fueron seis puntos), entienda quiénes son sus enemigos de clase, sepa cómo luchar contra ellos y se organice para hacerlo.

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