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Mao Tsetung: Ser Un Revolucionario Completo Mao

    SER UN REVOLUCIONARIO COMPLETO


    23 de junio de 1950

        Esta sesión ha hecho un balance de las experiencias del período pasado y ha determinado una serie de orientaciones.
        El trabajo de resumen de experiencias y determinación de orientaciones se ha hecho mediante los esfuerzos conjuntos de todos nosotros, los representantes de las nacionalidades, clases democráticas, partidos democráticos, organizaciones populares y personalidades democráticas de diversos círculos. Han participado en la discusión no solamente los miembros del Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo, sino también muchos funcionarios del Gobierno Popular Central, de los gobiernos populares (o comités militar-administrativos) de las grandes regiones administrativas[1] y de los gobiernos populares provinciales y municipales, así como delegados de los comités consultivos de las conferencias populares provinciales y municipales de representantes de todos los sectores sociales[2], además de numerosas personalidades patrióticas especialmente invitadas. 

    Esto nos ha permitido reunir una amplia gama de opiniones útiles para examinar nuestra labor pasada y determinar las orientaciones del trabajo ulterior. Espero que en adelante sigamos practicando este método y que lo adopten también los gobiernos populares (o comités militar-administrativos) de las grandes regiones administrativas y de las provincias y municipios. Por el momento, nuestras sesiones sólo tienen un carácter propositivo. Sin embargo, en la práctica, las decisiones que hemos tomado en esta reunión deben ser y serán, indudablemente, aceptadas y llevadas a efecto por el Gobierno Popular Central.
        Hemos aprobado por unanimidad el informe sobre el trabajo del Comité Nacional y los diversos informes sobre la labor del Gobierno Popular Central: el informe sobre la reforma agraria, los informes

    sobre los trabajos político, militar, económico-financiero, tributario y cultural-educacional y el informe sobre la administración de justicia. Todos estos informes son buenos. Han resumido de manera apropiada las experiencias del trabajo pasado y determinado las orientaciones del trabajo futuro. Que nuestra sesión haya tenido que discutir una cantidad tan grande de temas se debe a que, con la fundación de la nueva China, el trabajo en todos los campos ha comenzado y está en desarrollo. El pueblo entero está desplegando vigorosamente y en todos los dominios la gran lucha de una auténtica revolución popular, lucha de gran trascendencia y sin precedentes en los frentes militar, económico, ideológico y de la reforma agraria. En todos ellos, teníamos que hacer el balance de nuestra labor e indicar las orientaciones a seguir y, por eso, hemos abordado tantos temas. Según la ley, debemos celebrar dos sesiones al año. En una de ellas podemos discutir numerosos temas, y en la otra, menos. Hemos de proceder así porque China es un inmenso país con una población en realidad superior a los 475 millones y que atraviesa una gran época histórica de revolución popular. Así hemos hecho, y considero que hemos hecho bien.

        De los numerosos problemas debatidos en esta sesión, el principal ha sido el de la reforma del viejo sistema agrario. Todos hemos expresado nuestro acuerdo con el proyecto de Ley de Reforma Agraria[3] propuesto por el Comité Central del Partido Comunista de China, y hemos introducido en él algunas modificaciones y adiciones valiosas. Esto es muy bueno. Me siento contento y felicito a los centenares de millones de habitantes rurales de la nueva China por el logro de esta posibilidad de emanciparse, y a la nación entera por la consecución de este requisito básico para su industrialización. La mayoría de la población china la constituyen los campesinos, sin cuyo apoyo no podía haber triunfado la revolución ni logrará éxito la industrialización del país. Por lo tanto, la clase obrera debe ayudar activamente a los campesinos en la reforma agraria; igualmente, deben favorecer esta reforma la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional y, con mayor razón, los partidos democráticos y las organizaciones populares. La guerra y la reforma agraria son las dos pruebas cruciales para todos en China -- individuos y partidos -- en el período histórico de la nueva democracia. Quien toma partido por el pueblo revolucionario es un revolucionario. Quien toma partido por el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, es un contrarrevolucionario. 

    Quien se coloca del lado del pueblo revolucionario sólo de palabra y no en los hechos, es un revolucionario de palabra. Quien se coloca del lado del pueblo revolucionario no sólo de palabra sino también en los hechos, es un revolucionario completo. La prueba de la guerra ya la hemos pasado en lo fundamental, y todos airosamente; de ello está satisfecho el pueblo entero. Ahora tenemos por delante la prueba de la reforma agraria y espero que todos salgamos de ella con tanto éxito como salimos de la prueba de la guerra. Siempre que estudiemos este problema y nos consultemos frecuentemente al respecto, nos desprendamos de las trabas mentales y marchemos al mismo paso, formando así un gran frente único antifeudal, podremos conducir y ayudar al pueblo a salir felizmente de esta prueba. Superadas las pruebas de la guerra y la reforma agraria, la prueba restante, la del socialismo, la de la transformación socialista a escala nacional, será fácil de pasar.

     Cuando llegue el momento (este momento llegará en un futuro lejano) de la nacionalización de la industria privada y de la socialización de la agricultura, el pueblo no olvidará a aquellos que hayan hecho contribuciones en el curso de la guerra revolucionaria y de la reforma revolucionaria del sistema agrario, así como en los subsiguientes años de la edificación económica y cultural; ellos tienen un brillante porvenir. Nuestro país avanza a paso firme de la manera siguiente: Ha pasado por la guerra, se halla ahora en el proceso de las reformas de nueva democracia, y luego pasará, sin apresuramiento y con la debida preparación, a un nuevo período, el socialismo, cuando su economía y cultura hayan alcanzado un gran florecimiento y todas las condiciones estén dadas y cuando, habiéndolo meditado bien, lo apruebe todo el pueblo. Estimo necesario dejar en claro este punto, pues así podemos infundir confianza a ciertas personas y librarlas de un temor como éste: "No sé en qué momento me abandonarán y me privarán de la oportunidad de servir al pueblo pese a mis deseos." No, esto no va a suceder. Si uno tiene el verdadero deseo de servir al pueblo; si, en un período difícil para éste, realmente le ha ayudado y ha hecho algo bueno, y sigue procediendo así consecuentemente, sin detenerse a medio camino, el pueblo y su gobierno no tendrán motivos para rechazarlo ni para negarle la posibilidad de ganarse la vida y de prestar sus servicios.

        Para lograr ese objetivo de largo alcance, debemos, en el plano internacional, unirnos sólidamente con la Unión Soviética, las Democracias Populares y las fuerzas de la paz y la democracia del mundo. A este respecto, no cabe ningún titubeo ni vacilación alguna. En lo interno, debemos fomentar la unidad de las diversas nacionalidades, unirnos con las diversas clases democráticas, partidos democráticos y organizaciones populares, así como con todos los demócratas patriotas,

    y consolidar nuestro grande y prestigioso frente único revolucionario ya establecido. Trátese de quien se trate, a todo el que contribuya a la consolidación de este frente único revolucionario lo acogeremos con beneplácito, dado que su conducta será correcta, mientras a todo el que perjudique la consolidación de dicho frente lo combatiremos, pues su comportamiento será erróneo. A fin de consolidar el frente único revolucionario, es necesario adoptar el método de crítica y autocrítica. Lo que nos sirve de criterio al emplear este método es, principalmente, nuestra ley fundamental de hoy: el Programa Común. Ya en la presente sesión, de acuerdo con dicho programa, hemos empleado el método de crítica y autocrítica. Este es un excelente método que nos impulsa a perseverar en la verdad y a corregir los errores, el único método correcto para la autoeducación y autotransformación de todo el pueblo revolucionario de un Estado popular. La dictadura democrática popular presupone dos métodos. 

    Con los enemigos, se emplea la dictadura, es decir, durante el tiempo que sea necesario, no se les permite tomar parte en las actividades políticas, y se los obliga a acatar las leyes del gobierno popular y a dedicarse al trabajo físico para que, por este medio, se transformen en gente nueva. Con el pueblo, por el contrario, se emplean métodos democráticos y no coercitivos, es decir, se le garantiza su participación en las actividades políticas y, en vez de obligarlo a hacer esto o aquello, se realiza un trabajo de educación y persuasión con métodos democráticos. Este trabajo de educación es el trabajo de autoeducación en el seno del pueblo, y su método fundamental lo constituyen la crítica y la autocrítica. Espero que adopten este método todas las nacionalidades del país, las clases democráticas, los partidos democráticos, las organizaciones populares y todos los demócratas patriotas.


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